
En Costa Rica persiste la idea de que emprender es un fenómeno juvenil, asociado a innovación, tecnología y startups. Sin embargo, los datos oficiales muestran otra realidad: una parte significativa del emprendimiento surge como respuesta a la exclusión laboral de personas adultas, especialmente mayores de 40 años.
La Encuesta Nacional de Microempresas de los Hogares 2025 (ENAMeH – INEC) permite observar con claridad que el emprendimiento, lejos de ser solo una elección vocacional, es muchas veces una estrategia de supervivencia económica en etapas avanzadas de la vida laboral.
1. El perfil etario del emprendedor: una realidad invisibilizada
La ENAMeH 2025 evidencia que una proporción relevante de las personas propietarias de microempresas del hogar se concentra en rangos de edad medios y altos, no únicamente en población joven.
Esto tiene varias explicaciones estructurales:
Emprender se convierte en el “plan B” del mercado laboral costarricense.
2. Emprendimiento como segunda (o tercera) carrera
Para muchas personas adultas, el emprendimiento no es el inicio de una carrera, sino su continuación forzada. Estos emprendimientos suelen:
No son proyectos diseñados para escalar rápidamente, sino mecanismos para mantenerse activos económicamente.
3. Edad, informalidad y vulnerabilidad
La edad también se cruza con otros factores críticos:
Esto genera una paradoja preocupante; personas con décadas de experiencia laboral que terminan trabajando sin red de protección social.
4. El costo social de expulsar talento senior
Cuando el mercado laboral formal deja fuera a las personas adultas, el país pierde:
Trasladar ese costo al individuo y su familia, obligándolos a emprender sin acompañamiento, sin financiamiento y sin transición ordenada.
5. Implicaciones para PYMES y política pública
El dato clave no es solo cuántas personas emprenden, sino por qué y en qué momento de su vida lo hacen. Esto plantea retos claros:
Tratar a todos los emprendedores como iguales ignora estas realidades.
6. Una lectura más honesta del emprendimiento
El emprendimiento en Costa Rica no siempre nace del entusiasmo, muchas veces nace de la necesidad de seguir siendo productivo cuando el sistema formal ya no ofrece espacio. Reconocer esto no debilita la narrativa emprendedora; la vuelve más real, más humana y más útil para diseñar soluciones.
Emprender después de los 40 o 50 años no es un fracaso laboral; es una respuesta racional a un mercado que no supo absorber experiencia.
Si Costa Rica quiere fortalecer su ecosistema PYME y reducir informalidad y pobreza laboral, debe empezar por entender quién emprende, en qué etapa de su vida y por qué.