
El emprendimiento femenino en Costa Rica suele celebrarse como una historia de empoderamiento y resiliencia. Sin embargo, los datos oficiales muestran una realidad más compleja: muchas mujeres emprenden no porque elijan hacerlo, sino porque el mercado laboral no les ofrece alternativas viables.
La Encuesta Nacional de Microempresas de los Hogares 2025 (ENAMeH) permite observar cómo el género influye directamente en el tipo de emprendimiento, su grado de informalidad y su nivel de vulnerabilidad económica.
1. Mujeres y autoempleo: una puerta de entrada forzada
Una proporción significativa de las microempresas del hogar es liderada por mujeres, especialmente bajo esquemas de trabajo por cuenta propia. Este patrón responde a:
a. dificultades de acceso al empleo formal,
b. discriminación salarial,
c. responsabilidades de cuido no remuneradas,
d. necesidad de flexibilidad horaria.
Para muchas mujeres, emprender no es una opción estratégica, sino una solución obligada para conciliar ingreso y cuidado.
2. Sectores feminizados y menor rentabilidad
El emprendimiento femenino se concentra en sectores como:
a. comercio minorista,
b. servicios personales,
c. alimentación,
d. cuido y atención doméstica.
Son actividades caracterizadas por:
a. baja barrera de entrada,
b. alta competencia,
c. márgenes reducidos,
d. menor acceso a encadenamientos productivos.
Esto limita la posibilidad de crecimiento y refuerza la informalidad.
3. La doble jornada invisible
Cuando una mujer emprende desde el hogar:
a. combina trabajo productivo con tareas domésticas,
b. asume cuido de menores y adultos mayores,
c. extiende su jornada laboral sin remuneración adicional.
La informalidad también se expresa como sobrecarga de tiempo y energía, no solo como falta de registro legal.
4. Acceso desigual a financiamiento y protección social
Los datos muestran que las mujeres emprendedoras enfrentan:
a. mayor dificultad para acceder a crédito,
b. menor uso de productos financieros,
c. menor cobertura de seguro social.
Esto incrementa la vulnerabilidad ante crisis, enfermedades o caídas en la demanda.
5. Emprendimiento femenino y pobreza laboral
La combinación de:
a. ingresos bajos,
b. informalidad,
c. doble carga de trabajo,
d. ausencia de protección,
e. explica por qué muchas mujeres trabajan intensamente y aun así permanecen en situación de pobreza laboral.
El problema no es falta de esfuerzo; es falta de condiciones estructurales.
6. Implicaciones para PYMES y política pública
Este análisis deja mensajes clave:
a. no basta con promover “emprendimiento femenino” sin diferenciar contextos,
b. se requieren políticas que integren cuido, financiamiento y formalización gradual,
c. la capacitación debe considerar tiempos y realidades de las mujeres,
d. la formalidad debe percibirse como protección, no como carga adicional.
Diseñar políticas neutras frente al género reproduce desigualdades.
El emprendimiento femenino en Costa Rica sostiene hogares, economías locales y comunidades enteras.
Pero mientras siga operando bajo esquemas de informalidad y sobrecarga, continuará siendo una respuesta a la desigualdad, no una solución a ella.
Reducir la brecha de género en el emprendimiento implica cambiar las reglas del juego, no solo motivar a emprender.